sábado, 11 de febrero de 2017

Desarrollo de negocios y energías renovables: la minería como espejo

Por: Pablo Fernández. Un libro muy interesante que llegó a mi alcance hace un tiempo “Mountain Movers: Mining, Sustainability and the Agents of Change (Routledge Studies of the Extractive Industries and Sustainable Development)” de Daniel Franks, 2015, me ayudó bastante a reconfirmar algunos de los postulados en sostenibilidad que vengo afirmando hace varios años. Basado en casos de la industria minera en países tan disímiles como Canadá, Australia, Chile y Guinea, el autor de manera muy acertada, intenta desde diferentes perspectivas revisar el alcance de las medidas de sostenibilidad aplicadas de acuerdo a las dinámicas socio ambientales de este sector industrial. Los contextos tan complejos como estimulantes, constituyen un escenario abstracto que permite no obstante, comprender con claridad el alcance de las preocupaciones ambientales y la participación ciudadana en diferentes partes del mundo. 

Entre los muchos puntos que se destacan de esta investigación, uno que me llamó la atención es la forma en como los ejecutivos de las grandes compañías mineras visualizan el futuro de su industria, analizando principalmente los riesgos que deberán enfrentar en los próximos años. Para la gran mayoría, las dificultades no estarán relacionadas con temas técnicos, disponibilidad de recursos (de todo tipo), diseño, ingeniería, etc., ni siquiera con cuestiones de mercado. Para los tomadores de decisión, las grandes amenazas para el desarrollo de sus empresas están ligadas directamente con la gestión de sus grupos de interés. Si trabajas en mega proyectos o en industrias de gran impacto ambiental mi pregunta es: ¿realmente te sorprenden estas aprensiones?

Para la industria energética, muy emparentada por diversas razones con la extractiva, esta situación es más que conocida y aceptada. La gestión adecuada de las partes interesadas de los proyectos de gran envergadura se transformó en los últimos años en una parte esencial del éxito o fracaso de los mismos, muchas veces alcanzando niveles de prioridad absoluta debido al riesgo que representaba este tema en el ciclo de desarrollo. Pero aún así, puedo afirmar por experiencia que, la consolidación de este elemento como uno más en la matriz de riesgo pertinente no está del todo aceptado por alta gerencia en general, un sesgo que sigue existiendo en algunas grandes empresas de este rubro. Es entendible si se quiere, porque en el fondo es muy difícil explicar ante el directorio que un proyecto no avanza debido a que una comunidad o incluso una familia, se opone a su realización. El paradigma de desarrollo cambió, pero no todos lo aceptan aún. 

Los casos son innumerables en todo el mundo. Cuantos parques eólicos o solares han sido frenados o descartados debido a la oposición de la sociedad, representado por distintos grupos de stakeholders que involucran juntos o separados a miembros de la academia, activistas ambientales, ONG, juntas de vecinos, comunidades organizadas, comunidades indígenas, etc. Si se tiene en cuenta que estos retrasos significan cambios en los modelos de inversión, cambios en los diseños de ingeniería, mayor inversión en estudios de impacto ambiental y más presupuesto para la elaboración de planes de compromiso con stakeholders, entonces la temática se transforma en una parte fundamental del análisis de negocio, simple y llanamente porque aumenta -o no- el riesgo de inversión. 

Para Franks los gerentes de los grandes proyectos mineros conocen la dimensión del problema. La presión por desarrollar proyectos bajo una visión de sostenibilidad responsable es tal, que una porción nada despreciable del Capex está destinada específicamente a este ítem. Un trabajo que hace décadas solía hacerse una vez que la operación estaba en marcha, en la actualidad, el relacionamiento comunitario o diálogo con partes interesadas se realiza incluso antes del estudio de pre-factibilidad técnica. Y esto tiene sentido, la experiencia dicta que las malas relaciones con el entorno y el desconocimiento de la historia ambiental de un lugar por parte de las empresas, termina siempre mal, para todos. 

En este marco, las energías renovables no tienen mucho más rango de acción. Contrario a lo que piensan muchas personas, por el solo hecho de promover la explotación de este tipo de recurso inagotable y menos impactante social y ambientalmente que otros (nuclear, hidroeléctrico, etc.), las empresas de este rubro no tienen el camino allanado. 

Esto significa que el “Diálogo y gestión de Stakeholders” es un elemento que no solo no debe quedar fuera del análisis de riesgo de un proyecto, sino que debe ser ponderado adecuadamente por los desarrolladores de negocios, desde etapas muy tempranas. Parece lógico, pero sigue siendo un tema que aún genera controversia y dificultades, ya que al no poder medirse su alcance con precisión, la sub o sobre estimación pueden conducir a malas decisiones de inversión. Es claro, que es necesario involucrar elementos de sostenibilidad en el análisis de oportunidad de negocio, pero además es necesario conocer el contexto ambiental y social de un proyecto, entender la historia y costumbres de cada contexto, y sobre todo saber negociar adecuadamente con las contrapartes. No todos se rinden ante el poder del dinero. 

En lo personal, uno de los proyectos que más me aportó profesionalmente, involucró el desarrollo de un parque eólico en terrenos pertenecientes a una comunidad indígena. Durante tres años la empresa intentó por todos los medios crear canales de comunicación con sus representantes y diseñar en forma conjunta una propuesta de creación de valor para avanzar con el desarrollo. Los riesgos eran enormes pero la factibilidad a nivel de disponibilidad de recurso justificaba cualquier aventura. Técnicamente la iniciativa se apremiaba altamente compleja, solo el trazado de la LTE requeriría un plan titanesco de relacionamiento comunitario y ambientalmente, el EIA supondría dedicación exclusiva del equipo por dos años como mínimo. Carísimo, Después de tres años se tomó la decisión de no continuar porque el diálogo con la comunidad nunca se pudo establecer de forma constructiva. Es decir, se destinaron recursos durante tres años solo para comprobar que la propuesta era inviable. 

El desarrollo de negocios en esta industria involucra detectar buenas oportunidades de inversión, pero sobre todo, implica detectar a tiempo elementos de riesgo que pueden comprometerlas. Ya sea que se trabaje en la búsqueda de nuevos proyectos desde greenfield hasta RtB, el análisis no debe dejar de lado elementos de sostenibilidad. No es suficiente con calcular los costos conexión, la distancia al GRID, la disponibilidad de recurso, el potencial de generación o la venta de energía a costo marginal para tomar una decisión de inversión. Tampoco es suficiente con tener en cuenta la volatilidad del mercado, bajos costos de construcción o las posibilidades de vender el proyecto con un PPA. Si se deja de lado la importancia de entender el contexto donde se emplaza la iniciativa, se pierde un elemento fundamental del éxito de esa inversión: la sostenibilidad de la operación en 25 años. 


Los tomadores de decisión necesitan información confiable, detallada y precisa de las propuestas que revisan para dar luz verde a una inversión. El primer paso es identificar las amenazas en el mediano y largo plazo para disminuir al máximo el riesgo que comprometa las utilidades esperadas. Los grandes ejecutivos de las empresas mineras más importantes del mundo, en su gran mayoría, saben que el futuro de su industria dependerá de las relaciones que logren crear con el entorno donde llevan adelante su operación. Y los inversionistas saben que podrán invertir, en aquellos proyectos mineros que no estén amenazados por las comunidades donde se emplazan. Este es -y debería ser- para muchos el espejo de la industria energética. Los grandes proyectos de energías renovables son siempre factibles, siempre y cuando logren diseñarse de manera inclusiva y sostenible con la voluntad de sus stakeholders. Una gran lección para los desarrolladores de negocios. 

martes, 26 de julio de 2016

En perspectiva: ¿Las energías renovables ya no son un buen negocio?

Por: Pablo Fernández S. Hace un tiempo atrás me preguntaron cual era mi visión del desarrollo de negocios vinculado al mercado de las energías renovables en Latinoamérica, frente a los problemas de liquidez que afectaron a SunEdison y a Abengoa en el último tiempo, dos gigantes de la industria a nivel global. Esta inquietud fue complementada de inmediato con la pregunta del millón: ¿Es realmente atractivo invertir en este tipo de energía cuando el mercado global está en declive?. Interesante. No obstante, para entender esta industria hay que tener -y desarrollar- una perspectiva amplia, caso contrario, el árbol puede tapar el bosque muy fácilmente.

Lo cierto es que los números asociados al desarrollo de proyectos de energía en todo el mundo no dejan de asombrar hasta los más pesimistas, que vaticinaban un declive de inversiones en esta industria incluso en el corto plazo. Ahora bien, contrario a lo que muchas personas piensan, las inversiones no dejarán de crecer, incluso en países con mercados cercanos a la saturación como el chileno, donde algunos fondos de inversión internacionales se están aliando a empresas desarrolladoras para adquirir o desarrollar proyectos de energía renovable. Bajo estas circunstancias los únicos que pueden asombrarse definitivamente, son aquellos que no conocen la industria.

Los ejemplos del auge de las energías renovables en todo el mundo sobran. En cada rincón del planeta hay un caso de estudio que apoya esta realidad. En África, Kenia se transformó en un mercado sumamente atractivo para la industria, y actualmente numerosas desarrolladoras transnacionales se están instalando en el país. Por caso, en mayo de este año el Reino Unido y Kenia firmaron un Acuerdo de Entendimiento para incrementar la cooperación e inversión en energías renovables. El potencial de desarrollo en este país, incluso off grid, no tiene techo, y este es solo el principio.

En China el desarrollo solar ha marcado un hito difícil de comprender en cuanto a magnitud en otros contextos. De acuerdo a la agencia Xinhua, el país añadió 20 GW de energía fotovoltaica solo en el primer semestre de 2016, un monto que corresponde a más del triple de todo lo desarrollado en 2015. De esta manera el gigante asiático se ha convertido en el mercado solar más grande del mundo por encima de Alemania, en cuanto a potencia acumulada. Pero lo que más impresiona es que los 3,300 GWh de energía solar que se generan actualmente, corresponden solo al 0,7% de la generación de energía del país.

En Australia, hace algunos días se conoció la intención del fondo de inversión IIG (Impact Investment Group) de invertir 1,000 millones de dólares en infraestructura solar para 2020. Esta noticia no debería llamar la atención, si tenemos en cuenta que, de acuerdo a Bloomberg News Energy, el mercado solar australiano crecerá de 4,1 GW a 52 GW de potencia instalada para 2040.

En Argentina, un mercado que estuvo prácticamente inmóvil durante la última década, se vive una efervescencia en el sector a raíz de la apuesta energética del nuevo gobierno. En estos últimos días se hicieron públicos los pliegos para licitar 1,000 MW de energías renovables, con lo que se espera atraer inversiones por más de USD 1,800 millones. Lo relevante, es que durante el período de consulta más de 100 empresas se mostraron como potenciales interesados para participar de la licitación. El potencial y la demanda es tan alta que hasta la estatal petrolera YPF espera destinar más de USD 200 millones para la construcción de un parque eólico de 100 MW en el sur del país.

El crecimiento de la energía renovable y en particular de la fotovoltaica, es muy auspiciosa para el continente. Algunos mercados están apostando fuerte por este tipo de tecnología conforme se adaptan las legislaciones locales para promover un desarrollo equilibrado que pueda dar respuesta a la necesidades de la industria y al consumo particular. En esta misma línea, la consultora IHS Markit estima que la instalación fotovoltaica en Latinoamérica se situará en torno a los 2,7 GW en 2016, superando los 2,2 GW previstos por GTM Research. Chile, seguirá liderando este rubro con un total de 44% de la nueva instalación, lo que significaría que superaría la barrera de los 3GW de potencia instalada.

En Chile, si bien las consultoras especializadas preveen un estancamiento de los proyectos renovables (debido principalmente a la saturación de los Sistemas Interconectados), las inversiones no se espera que disminuyan en el corto plazo. La estatal china SPIC (State Power Investment Corporation) reciente controladora de la eléctrica australiana Pacific Hydro planea invertir USD 2,000 millones en proyectos, solo en los próximos cinco años. Esta, junto a otras empresas como la noruega Statkraft -dedicada principalmente a la energía hidráulica- la italiana ENEL y la francesa EDF, planean igualmente seguir ampliando su portafolio en el país, con inversiones millonarias.

Sin embargo, este impulso por desarrollar proyectos de Energías Renovables No Convencionales (ERNC) en todo el mundo no sería posible de entender sin los grandes capitales que actualmente financian estas iniciativas. Fondos de inversión como Manulife, Actis, Bluefield, OAK Hill, I Square, KKR, EQT, PSP y bancos como el BEI, IFC, BID, entre otros, invierten en energía renovable por diversas motivaciones, pero básicamente porque estas operaciones les ofrecen una rentabilidad más alta en el mercado global de energía, ante el exceso de liquidez y los bajos tipos de interés que se presentan en los países  más desarrollados.

Definitivamente no es posible entender a la industria energética, ni al desarrollo de proyectos de energías renovables, sino se entiende como funciona el modelo de negocio actual que financia este tipo de infraestructura. Es un hecho de que la demanda energética seguirá creciendo al ritmo que lo dictamine la economía de cada país, al margen de altas y bajas de los precios del mercado. Pero no tenga duda: las ERNC llegaron para quedarse, y sobre todo, para reemplazar a las energías convencionales.